La noche cae y el negro se hace con las calles y los tejados. El viento sopla frío en relación a este primaveral clima. Bajo ese negro y sintiendo aquél viento que llega viajando del lejano sur, comienzo a pensar en el adiós.
Oh! cuan largo y distante parece hoy aquél tiempo en que la agonía de comenzar carcomía mi alma, aquellas ansias desesperantes. Tantos sueños, imaginando aquél día en que por primera vez lograríamos salir a la luz, ver la realidad, cumplir las expectativas, correr el riesgo desesperado y tal vez recibir la recompensa.
En aquél entonces, el grupo de niños exploradores que paseaba acompañado sólo de sus bolsos de esperanza y sus cantimploras llenas de razonamiento y perseverancia, jamás pensó en un final. Claro, algo que aún no se emprende no puede terminar. Es cuestión de lógica aquello, sin embargo, es una filosofía de muchos el derrumbar el castillo antes de lograr fortalecer los mismísimos cimientos.
Tres vueltas, tres rondas, tres jornadas y esto acaba. Parece poco, pero no lo es. ¡Fantasmas rondantes de mi cabeza! - ustedes no saben lo cansado que estamos, no saben de nuestras prioridades, ni de nuestra vida -.
Acostumbrados sólo a mirar lo que quieren ver y no llegar más allá, les parece egoísmo aquél veredicto. Pero no lo es. En años pensamos más en ustedes, -los fantasmas que iban y venían-, más que en nosotros. Pero es tiempo de cambio. Se huele incluso en el aire. Sí, aquél aire que augura el crecimiento, el dejar atrás la crisálida, el comenzar a caer en el banal abismo de la vida, la vida simple que te envuelve y de la cual cuesta tanto escapar. Pero ese no es el motivo principal. No. Ese quedará guardado en la caja negra de nuestro pecho palpitante.
La muerte no es la única transición. Existen muchas que se dan a lo largo del recorrido. Y eso ocurre incluso en las inexistentes personas, aquellas creadas por otras para saciar la sed.
Estimados. El cambio siempre marca el fin de algo. Una elección siempre involucra el dejar otras opciones de lado. El “costo de oportunidad” lo llaman los economistas. Otros lo llaman destino… otros simplemente lo ven como un engranaje más dentro del gran reloj del ecosistema y la vida.
Esto es un pequeño adiós. Pero no un adiós definitivo.
Esto no es la muerte, es la transición, el siguiente paso. La decisión.
Pero algo quedará.
¡No!, la expresión es errónea. Lo correcto es decir: Mucho quedará.
Esto tampoco es un “borrón y cuenta nueva”.
Así que no olvidaremos a los fantasmas y los clientes que rondan. Ellos son parte importante del camino, piedras que fortalecieron los cimientos y nos ayudaron a hacer crecer el castillo.
El inicio del fin se aproxima, el inicio del adiós y de la transición está en marcha. Este sábado 17 de noviembre, se inicia la marcha por la senda elegida. Acompáñennos por un trayecto, y cuando llegue el momento, entregen el adiós cálido y sincero, aquél único capaz de dar la fuerza, para volver al hogar al final de todo.
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^^Shinji